Entre el humo del canuto
se dibuja tu mirada,
suave entras en mí
calada tras calada.
Eres la droga
que me hace sonreír;
que me hace suspirar
cuando no te tengo;
que me hace romper
a patadas con el mundo
cuando tú estás lejos.
Como un yonki de tus besos
te busco en mi recuerdo,
y suave apareces,
vuelves a mí,
vuelven tus caricias y miradas,
vuelvo a sonreír
como si de droga te trataras.
Te hablo y me cuentas
sobre otros tiempos,
cuando estábamos unidos
tan sólo por nuestros sexos.
Reías,
gemías,
sudabas...
Y así,
sudados y borrachos
espantábamos el frío
de la gélida noche.
Abrazados,
como si no hubiera mañana
una caricia, una mirada
un -no me sueltes-
brillando en tus ojos;
un -futuro juntos-
resonando en nuestro pecho.